jueves, 3 de agosto de 2017

Vodyanoy

El vodyanoy (ruso: водяно́й; acuoso/el del agua) es un espíritu maligno de las aguas de la mitología eslava. Suele aparecer como un anciano abotargado cubierto de algas, con cara de anfibio, pelo largo y barba verde. Sus manos son palmípedas, siendo mitad hombre, mitad pez, aunque a veces también se le describe con cuernos, cola o pezuñas debido a la demonización cristiana.

Vive en ríos, lagos y torrentes, preferiblemente cerca de los molinos, y cuando se enfada rompe presas o ahoga gente, sobretodo a los que se meten en el agua sin hacer antes la señal de la cruz o a los que se aventuran a bañarse a mediodía, a medianoche o en días sagrados. Se dice que las almas de estos ahogados se convierten en los sirvientes subacuáticos del vodyanoy.

En la República Checa, Eslovenia y Eslovaquia se le conoce como vodník, donde es un tanto distinto a la visión del folclore eslavo del este. En estos países se le describe totalmente con cuerpo y comportamiento humano salvo por el hecho de que tiene agallas, manos palmípedas y la piel, al igual que el pelo, de un color verde como el de las algas. Aparece con un extraño sombrero, vestimenta rara, harapienta y siempre chorreando agua, por la que se le puede reconocer cuando sale de su estanque. Los vodníci (plural de vodník) podían ser tanto buenos como malvados. En este último caso se dedicaban a ahogar a los que se aventuraran en sus territorios, conservando las almas de sus víctimas en tazas de porcelana. Los vodníci coleccionaban estas tazas y las mostraban orgullosos como muestra de su estatus ante otros vodníci. Cuando se retiraba la tapa de alguna de estas tazas, las almas que había dentro huían en forma de burbuja, y los únicos sirvientes que tenían los vodníci eran los peces de sus dominios.

A estos espíritus les gusta pasar su tiempo libre recorriendo su territorio, jugando a las cartas, fumando en pipa o simplemente sentándose en la costa o en rocas. Mostraban su lado benévolo a los pescadores que arrojaban una pizca de tabaco al agua como ofrenda, diciendo la frase: «Aquí está tu tabaco, Señor Vodník, ahora dame a mí un pez».

 Ivan Bilibin

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