Loçolico

Los loçolico son, según las leyendas de los gitanos de Europa del este, hombres que hicieron tratos con el Diablo y, una vez concluido su pacto, fueron transformados en horribles criaturas.

Están cubiertos de espeso pelaje, tienen grandes orejas, brazos el doble de largos que los de un humano corriente y piernas tan delgadas como cañas. La fuerza vital de los loçolico reside en las plantas de sus pies, por lo que si se le chamuscan, pierden las energías y mueren; es entonces cuando los diablos creman sus cadáveres y utilizan las cenizas resultantes para convertir en loçolico a otros hombres.

Como no existen hembras de loçolico, éstos se dedican a raptar vírgenes para llevárselas a sus moradas, las transforman en yeguas con su orina y abusan de ellas hasta la muerte. Por suerte, las Kesali, una especie de hadas de los bosques, protegen a algunos bebés de los loçolico y la mala suerte vistiéndolos con una camisa invisible tejida con sus finos cabellos.

Las habilidades mágicas de transmutación de estos malvados seres se ve en el cuento La cruel condesa y el amable Loru (ruso: Жестокая графиня и добрый Лору), donde un loçolico ayudó a Loru, un muchacho protegido por una de las camisas de las kesali, a realizar la imposible tarea de plantar el roble más grande y viejo del bosque en el castillo de la condesa para la que trabajaba.

Con una palmada, el loçolico hizo aparecer un carro tirado por tres viejas y decrépitas yeguas, arrancó de cuajo el roble con su terrible fuerza y en un abrir y cerrar de ojos llegó al castillo junto con Loru. Allí desveló que llevaba tiempo rondando a la condesa y que las yeguas que tiraban de su carro eran en realidad la abuela, la madre y la hermana de ésta. Ahora que tenía a la condesa en su poder, todo el castillo quedó en manos de Loru, el cual se convirtió en un buen hombre que dedicó su fortuna a ayudar a todo el que lo necesitase.

Sin embargo, la leyenda más famosa en la que aparecen los loçolico es aquella en la que se explica el origen de las enfermedades, pues estaban provocadas por los monstruosos hijos que tuvo el rey de los loçolico con Ana, la reina de las kesali.

Ana se casó en contra de su voluntad, pues el rey Loçolico mandó a sus súbditos a que atacasen a las kesali hasta que su reina no saliera de su fortificación y le aceptara en matrimonio. Pese a su unión, Ana sentía tanto asco por su nuevo esposo que se negaba a tener relaciones con él, así que, siguiendo los consejos de un sapo dorado, el rey Loçolico la drogó dándole de comer sesos de urraca.

Después de forzarla en estado inconsciente, la dejó embarazada del perverso Melalo, que desde entonces se dedicó a dar indicaciones a su padre para que siguiera abusando de Ana. Tras Melalo nacieron los demonios Lilyi, Tçulo, Tçasridyi, Schilalyi, Bitoso, Lolmischo, Minceskro y Poreskoro. Este último era tan espantoso que hasta su propio padre quedó horrorizado de sus actos y acordó divorciarse de Ana tras un acuerdo: mientras Ana viviese, los loçolico no podían dañar a las kesali y, cuando estas cumplieran 99 años (o 999 según otras versiones), debían entregarse voluntariamente a ellos.

A parte de las kesali, también están en perpetua guerra con los juklanus, hombres con cabeza de perro, con los que luchan en los bosques ferozmente todas las noches.

Loru y el Losholich, ilustración de L.M. Alexeevskaya para Сказки цыган, de Nikolay Kun

Fuentes

Berger, Hermann: Mythologie der Zigeuner. Stuttgart (1984).
Clébert, J.P.: Los gitanos. Ediciones Orbis, Sant vicenç dels horts (1985).
Кун, Николай: Сказки Цыган. СЗКЭО, San Petersburgo (2023).
Pavelčík, Nina y Jiří: Myths of the Czech Gypsies. Nanzan University (2001).

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