Se conoce como suiko a una criatura acuática que llegó a Japón desde China, donde originalmente era llamado shuihu. Tanto en japonés como en chino su nombre se escribe 水虎, que en ambos casos significa «Tigre de agua».
En los textos chinos, como el Bencao Gangmu, se dice que viven en la región de Zhong Lu (actual distrito Xiangzhou), donde el Shu, un río no identificado, desemboca en el Mian. Tienen el aspecto de un niño de tres o cuatro años, pero están cubiertos de escamas impenetrables como los pangolíes. Sus cabezas y rodillas son similares a las de los tigres, de ahí su nombre. Siempre tienen las patas sumergidas en el agua, por lo que lo único que queda a la vista en la superficie son sus rodillas. En otoño disfrutan del sol tumbándose en la arena y se muestran agresivos contra los niños, mordiendo a los que intentan jugar con ellos.
En esta obra también se dice que, cuando se captura uno con vida, se puede cortar su nariz y utilizarla como remedio para «cosas menores», pero los caracteres utilizados en esa frase se pueden entender de otra manera. La nariz en realidad sería su yin o fuerza vital, es decir, sus genitales, y «cosas menores» sería una metáfora para la sexualidad. Así, castrando a un shuihu se podrían utilizar sus genitales como remedio afrodisíaco o para aumentar la fertilidad. Otra interpretación del texto daría a entender que, castrando a un shuihu, se le podía amansar y domesticar, como ocurre con otros animales como perros, gatos o bueyes.
Cuando Terashima Ryōan recopiló su Wakan Sansai Zue, una enciclopedia japonesa del siglo XVIII inspirada en las obras chinas, cambió ligeramente la naturaleza del shuihu al malentender los pasajes chinos, diciendo de él que se volvería el sirviente de aquel que le pellizcase la nariz y que sus rodillas parecen las garras de un tigre. Esta descripción física se mantuvo en Japón y así lo plasmaron artistas posteriores como Toriyama Sekien.
Las obras niponas diferenciaban claramente a los suiko de los kawataro, aunque no negaban que guardasen ciertas similitudes. Con el tiempo se empezó a utilizar el nombre de estas criaturas para referirse a los kappa y, finalmente, pasaron a ser miembros de esta especie pero de mayor tamaño y más violentos, por lo que se llegó a considerar que eran los cabecillas de estos yokai. Matthew Meyer dice en La hora del encuentro con los espíritus malignos que pueden estar al mando de hasta cuarenta y ocho kappa, pero están al servicio de Ryūjin, el rey dragón que vive bajo el mar. Por esto se mostrarían tan violentos con los humanos, para quedar por encima de otros suiko e impresionar a su rey.
Con el tiempo, las leyendas japonesas establecieron a los suiko como habitantes de sus ríos y mares, como el río Chikugo de Kyūshū o el lago Biwa de Shiga, donde se dedicaban a poseer a la gente o a llamar a las puertas de las casas en plena noche. Una vez al año arrastran a alguien al fondo del agua y allí le sorben la sangre, devolviendo el cadáver a su lugar de origen cuando se han saciado. Por suerte, para protegerse de ellos bastaba con colgar una guadaña de la puerta o desperdigando fuera de casa vainas de judías negras o brotes de cáñamo.
Irónicamente, la vida de los suiko quedaba ligada al cadáver del que se han alimentado. Si se sospecha que alguien murió víctima de una de estas criaturas, no se le hace una ceremonia fúnebre normal, sino que se le acuesta en una tabla y se le coloca dentro de una choza de paja construida para la ocasión en el campo. De esta manera, mientras el cadáver se va pudriendo, el suiko que le ha sorbido la vida se va pudriendo con él hasta que fenece. Mientras dura el proceso, se puede oír al suiko merodeando invisible a su alrededor y sólo cuando muere se rompe su hechizo y puede ser visto por los humanos.
En los textos chinos, como el Bencao Gangmu, se dice que viven en la región de Zhong Lu (actual distrito Xiangzhou), donde el Shu, un río no identificado, desemboca en el Mian. Tienen el aspecto de un niño de tres o cuatro años, pero están cubiertos de escamas impenetrables como los pangolíes. Sus cabezas y rodillas son similares a las de los tigres, de ahí su nombre. Siempre tienen las patas sumergidas en el agua, por lo que lo único que queda a la vista en la superficie son sus rodillas. En otoño disfrutan del sol tumbándose en la arena y se muestran agresivos contra los niños, mordiendo a los que intentan jugar con ellos.
En esta obra también se dice que, cuando se captura uno con vida, se puede cortar su nariz y utilizarla como remedio para «cosas menores», pero los caracteres utilizados en esa frase se pueden entender de otra manera. La nariz en realidad sería su yin o fuerza vital, es decir, sus genitales, y «cosas menores» sería una metáfora para la sexualidad. Así, castrando a un shuihu se podrían utilizar sus genitales como remedio afrodisíaco o para aumentar la fertilidad. Otra interpretación del texto daría a entender que, castrando a un shuihu, se le podía amansar y domesticar, como ocurre con otros animales como perros, gatos o bueyes.
Cuando Terashima Ryōan recopiló su Wakan Sansai Zue, una enciclopedia japonesa del siglo XVIII inspirada en las obras chinas, cambió ligeramente la naturaleza del shuihu al malentender los pasajes chinos, diciendo de él que se volvería el sirviente de aquel que le pellizcase la nariz y que sus rodillas parecen las garras de un tigre. Esta descripción física se mantuvo en Japón y así lo plasmaron artistas posteriores como Toriyama Sekien.
Las obras niponas diferenciaban claramente a los suiko de los kawataro, aunque no negaban que guardasen ciertas similitudes. Con el tiempo se empezó a utilizar el nombre de estas criaturas para referirse a los kappa y, finalmente, pasaron a ser miembros de esta especie pero de mayor tamaño y más violentos, por lo que se llegó a considerar que eran los cabecillas de estos yokai. Matthew Meyer dice en La hora del encuentro con los espíritus malignos que pueden estar al mando de hasta cuarenta y ocho kappa, pero están al servicio de Ryūjin, el rey dragón que vive bajo el mar. Por esto se mostrarían tan violentos con los humanos, para quedar por encima de otros suiko e impresionar a su rey.
Con el tiempo, las leyendas japonesas establecieron a los suiko como habitantes de sus ríos y mares, como el río Chikugo de Kyūshū o el lago Biwa de Shiga, donde se dedicaban a poseer a la gente o a llamar a las puertas de las casas en plena noche. Una vez al año arrastran a alguien al fondo del agua y allí le sorben la sangre, devolviendo el cadáver a su lugar de origen cuando se han saciado. Por suerte, para protegerse de ellos bastaba con colgar una guadaña de la puerta o desperdigando fuera de casa vainas de judías negras o brotes de cáñamo.
Irónicamente, la vida de los suiko quedaba ligada al cadáver del que se han alimentado. Si se sospecha que alguien murió víctima de una de estas criaturas, no se le hace una ceremonia fúnebre normal, sino que se le acuesta en una tabla y se le coloca dentro de una choza de paja construida para la ocasión en el campo. De esta manera, mientras el cadáver se va pudriendo, el suiko que le ha sorbido la vida se va pudriendo con él hasta que fenece. Mientras dura el proceso, se puede oír al suiko merodeando invisible a su alrededor y sólo cuando muere se rompe su hechizo y puede ser visto por los humanos.
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| Ilustración del Konjaku Gazu Zoku Hyakki - Toriyama Sekien |
Fuentes
Meyer, Matthew: La hora del encuentro con los espíritus malignos. Quaterni, Madrid, 2020.Mizuki, Shigeru: Enciclopedia Yokai Vol. 2. Satori, Gijón, 2018.
Sekien, Toriyama: Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón. Quaterni, Madrid, 2014.
Wikipedia: Shuihu.











