Anfisbena

La anfisbena (del latín: amphisbaena y éste del griego: ἀμφίσβαινα ‘que va en dos direcciones’, de amfis, ‘ambos lados’ y bainein, ‘ir’), también llamada Madre de las Hormigas, es una criatura mitológica representada como una serpiente comedora de hormigas, con una cabeza en cada extremo de su cuerpo. En la mitología griega anfisbena había nacido de la sangre que goteó de la cabeza de la gorgona Medusa cuando Perseo voló sobre el desierto libio con ella en su mano. El ejército de Catón la halló entonces en su marcha junto con otras serpientes. La anfisbena se alimentaba de los cadáveres que quedaban atrás. Poetas como Nicandro, John Milton, Alexander Pope, Jorge Luis Borges y Lord Alfred Tennyson han mencionado a la anfisbena, y como criatura mitológica y legendaria lo han hecho Lucano, Plinio el Viejo, Isidoro de Sevilla y Thomas Browne, desacreditando este último su existencia.

Las descripciones más antiguas de la anfisbena la describen básicamente como una serpiente (quizá una boa de arena india) pero con una cabeza en cada extremo. Así, Plinio el Viejo afirmaba en su Naturalis Historia (siglo I):
«La anfisbena tiene cabezas gemelas, es decir una también al final de la cola, como si no le bastase con verter veneno por una boca».
Sin embargo, representaciones medievales y posteriores la muestran a menudo con dos o más patas escamadas, en concreto patas de pollo, y alas con plumas. Algunos incluso la representaban con cuernos en la cabeza delantera y pequeñas orejas redondas en la trasera, o con cuernos en ambas. Estos cuernos eran largos y curvados hacia arribas o ligeramente en espiral. Mientras algunos bestiarios medievales la mostraban con la segunda cabeza al final de su cola, otros lo hacían con dos «cuellos» de igual tamaño, por lo que no podía determinarse cuál era la trasera. Muchas descripciones de la anfisbena decían que sus ojos brillaban como velas o relámpagos, pero el poeta Nicandro parece contradecir esto describiéndola como «siempre con ojos nublados». También decía que «en cada extremo sobresale una barbilla roma, cada una lejos de la otra».

Thomas Browne, refiriéndose a las descripciones clásicas, detallaba:
«Mientras una lloraba la otra reía, mientras una callaba la otra hablaba, mientras una estaba despierta la otra dormía; así se afirma en tres ejemplos notables de Petrarca, Vicencio y la Historia de Escocia de Buchanan».
Esta serpiente bicéfala contaba con peculiares habilidades. Tenía poderes regenerativos, si era cortada en dos pedazos, ambas partes podían volver a juntarse. Plinio el Viejo indicó que era venenosa por ambas cabezas e Isidoro de Sevilla la hacía muy veloz, capaz de deslizarse rápidamente y en ambas direcciones. Textualmente dijo: «Puede moverse en la dirección de cada cabeza con un movimiento circular.» El poeta Nicandro, sin embargo, la describe como «lenta de movimiento». También podía rodar sujetando las mandíbulas de sus dos cabezas o agarrando el cuello de una en la boca de la otra, la anfisbena podía rodar como un aro de manera semejante al Uróboros, y así era representada por artistas medievales. Finalmente, a diferencia de la mayoría de las serpientes, la anfisbena sería de sangre caliente, ya que aparentemente no se veía afectada por el frío, como indica Isidoro de Sevilla: «Única entre las serpientes, la anfisbena aparece en el frío.» 

Antiguamente se decía que la peligrosa anfisbena tenía muchos usos como ingrediente para remedios mágicos. Llevar una anfisbena en torno al cuello proporcionaría un parto seguro y poseer una anfisbena muerta o su piel curaría la artritis, los resfriados y los sabañones producidos por el frío. Clavar la piel de una anfisbena en un árbol antes de talarlo haría que éste cayera más fácilmente y mantendría caliente al leñador.

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