Las hormigas indias o excavadoras de oro eran, según los historiadores clásicos, unos extraordinarios insectos que habitaban en las desérticas regiones de Asia. El lugar exacto donde vivían variaba de autor en autor; Heródoto, Plinio el Viejo y Estrabón las localizan aproximadamente en la tierra de los dardos, lo que actualemente sería la frontera norte entre Afganistán y Pakistán, mientras que Filóstrato hace de Etiopía su hogar.
Sea cual sea su hábitat, todos coinciden en su descripción y decían de ellas que son de un tamaño gigantesco para cualquier insecto ordinario, siendo más grandes que un zorro. Plinio el Viejo especificó que eran del color de los felinos y tan grandes como un lobo egipcio; también llegó a decir que en el templo de Hércules en Éritras se conservaban los cuernos de uno de estos animales. Arriano además dijo en su Anábasis de Alejandro Magno que Nearco, oficial del rey macedonio, aunque no vio a ninguna con vida, sí que pudo contemplar los caparazones de algunas de ellas. Los únicos ejemplares conservados en cautividad los mencionó Heródoto entre las rarezas que se encontraban en la residencia del rey de los persas.
Al igual que el resto de hormigas, estos ejemplares excavan bajo tierra para hacer sus madrigueras, pero al vivir en suelos ricos en oro, sacan a la superficie grandes cantidades de este metal precioso. Los nativos del lugar lo codician y se ven obligados a realizar ingeniosas tretas para hacerse con él sin sufrir el ataque de los territoriales insectos.
Primero se hacen con tres camellos, dos machos y una hembra a la que han separado de sus crías, y procuran llegar al hormiguero a la hora en que las temperaturas son más altas, cuando las hormigas se refugian del intenso calor. Entonces cargan a toda prisa a la camella con fardos llenos de la arena rica en oro y salen a la carrera cuanto antes, pues las hormigas, alertadas por el olor, salen en busca de los intrusos y son velocísimas. Para ralentizarlas, sueltan a los camellos macho que llevaban consigo y los utilizan de desdichado cebo, mientras que la hembra, apurada por volver con sus crías, acelera el paso y consigue huir indemne con su valiosa carga.
El etnólogo Michel Peissel teorizó que estas hormigas en realidad podrían tratarse de las marmotas himalayas de Gilgit-Baltistán, región pakistaní rica en oro. Allí descubrió que el pueblo minaro se dedicaba a recoger el oro en polvo que salía a la superficie con la tierra que sacaban las marmotas al excavar sus madrigueras. Heródoto debió entender mal a los traductores locales que le contaban historias de las regiones asiáticas y confundió la antigua palabra persa para «marmota» con la griega para «hormiga», de ahí que muchas descripciones digan que sus corazas o pieles eran como las de los gatos o panteras.
Sea cual sea su hábitat, todos coinciden en su descripción y decían de ellas que son de un tamaño gigantesco para cualquier insecto ordinario, siendo más grandes que un zorro. Plinio el Viejo especificó que eran del color de los felinos y tan grandes como un lobo egipcio; también llegó a decir que en el templo de Hércules en Éritras se conservaban los cuernos de uno de estos animales. Arriano además dijo en su Anábasis de Alejandro Magno que Nearco, oficial del rey macedonio, aunque no vio a ninguna con vida, sí que pudo contemplar los caparazones de algunas de ellas. Los únicos ejemplares conservados en cautividad los mencionó Heródoto entre las rarezas que se encontraban en la residencia del rey de los persas.
Al igual que el resto de hormigas, estos ejemplares excavan bajo tierra para hacer sus madrigueras, pero al vivir en suelos ricos en oro, sacan a la superficie grandes cantidades de este metal precioso. Los nativos del lugar lo codician y se ven obligados a realizar ingeniosas tretas para hacerse con él sin sufrir el ataque de los territoriales insectos.
Primero se hacen con tres camellos, dos machos y una hembra a la que han separado de sus crías, y procuran llegar al hormiguero a la hora en que las temperaturas son más altas, cuando las hormigas se refugian del intenso calor. Entonces cargan a toda prisa a la camella con fardos llenos de la arena rica en oro y salen a la carrera cuanto antes, pues las hormigas, alertadas por el olor, salen en busca de los intrusos y son velocísimas. Para ralentizarlas, sueltan a los camellos macho que llevaban consigo y los utilizan de desdichado cebo, mientras que la hembra, apurada por volver con sus crías, acelera el paso y consigue huir indemne con su valiosa carga.
El etnólogo Michel Peissel teorizó que estas hormigas en realidad podrían tratarse de las marmotas himalayas de Gilgit-Baltistán, región pakistaní rica en oro. Allí descubrió que el pueblo minaro se dedicaba a recoger el oro en polvo que salía a la superficie con la tierra que sacaban las marmotas al excavar sus madrigueras. Heródoto debió entender mal a los traductores locales que le contaban historias de las regiones asiáticas y confundió la antigua palabra persa para «marmota» con la griega para «hormiga», de ahí que muchas descripciones digan que sus corazas o pieles eran como las de los gatos o panteras.
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| Grabado de History of Darius the Great, de Jacob Abbott. |
Fuentes
A book of creatures: Gold-digging ants.Arriano: Anábasis de Alejandro Magno I-III. Gredos, Madrid (1982).
Claudio Eliano: Historia de los animales I-VIII. Gredos, Madrid (1984).
Filostrato: Vida de Apolonio de Tiana. Gredos, Madrid (1992).
Heródoto: Historia III: Talía. Gredos, Madrid (2007).
Plinio el Viejo: Historia natural VII-XI. Gredos, Madrid (2003).
Wikipedia: Gold-digging ants.

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