El tenome (japonés: 手の目; Ojos en las manos) es un yokai que se manifiesta de noche por campos y cementerios como un viejo zatō, ciegos que antiguamente desempeñaban ciertas labores como el canto o la acupuntura. Lo escalofriante de ellos es que no tienen los ojos en la cara, sino en las palmas de las manos.
Es posible que el tenome fuera en su origen un zatō que fue asesinado por una banda de ladrones cuando atravesaba un campo de juncos. Al haber sufrido una muerte tan violenta y repentina, su espíritu no pudo alcanzar la paz budista y permaneció en este mundo como un yokai que busca a sus asaltantes lleno de rencor.
Matthew Meyer cuenta que este zatō se maldijo por no haber podido ver el rostro de sus asesinos, quejándose de que ojalá sus ojos hubieran servido para algo aunque los tuviese en las palmas de las manos, de ahí el aspecto que ahora tiene este espíritu. Por su parte, Shigeru Mizuki dijo que, a fuerza de tantear a ciegas y palparlo todo, desarrolló ojos en las manos para poder guiarse en las noches de luna llena.
Una leyenda de Kyoto cuenta que un joven entró de noche a un cementerio en Shichijogawara para probar su valor, pero se vio sorprendido por un tenome que comenzó a perseguirle en la oscuridad. En su huida, el muchacho llegó hasta un templo cercano donde pidió auxilio. El sacerdote al cargo del lugar lo escondió en un baúl y se marchó creyendo que así estaría a salvo, pero el tenome entró en el edificio y localizó al chico olfateando el aire como un animal. Cuando llegó al baúl, le sorbió todos los huesos y sólo dejó la piel vacía del pobre desdichado.
Es posible que el tenome fuera en su origen un zatō que fue asesinado por una banda de ladrones cuando atravesaba un campo de juncos. Al haber sufrido una muerte tan violenta y repentina, su espíritu no pudo alcanzar la paz budista y permaneció en este mundo como un yokai que busca a sus asaltantes lleno de rencor.
Matthew Meyer cuenta que este zatō se maldijo por no haber podido ver el rostro de sus asesinos, quejándose de que ojalá sus ojos hubieran servido para algo aunque los tuviese en las palmas de las manos, de ahí el aspecto que ahora tiene este espíritu. Por su parte, Shigeru Mizuki dijo que, a fuerza de tantear a ciegas y palparlo todo, desarrolló ojos en las manos para poder guiarse en las noches de luna llena.
Una leyenda de Kyoto cuenta que un joven entró de noche a un cementerio en Shichijogawara para probar su valor, pero se vio sorprendido por un tenome que comenzó a perseguirle en la oscuridad. En su huida, el muchacho llegó hasta un templo cercano donde pidió auxilio. El sacerdote al cargo del lugar lo escondió en un baúl y se marchó creyendo que así estaría a salvo, pero el tenome entró en el edificio y localizó al chico olfateando el aire como un animal. Cuando llegó al baúl, le sorbió todos los huesos y sólo dejó la piel vacía del pobre desdichado.
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| Ilustración de Shigeru Mizuki |
Fuentes
Meyer, Matthew: La hora del encuentro con los espíritus malignos. Quaterni, Madrid, 2020.Mizuki, Shigeru: Enciclopedia Yokai Vol. 2. Satori, Gijón, 2018.
Sekien, Toriyama: Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón. Quaterni, Madrid, 2014.

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