Basilisco según Plinio el Viejo

La Historia Natural de Plinio el Viejo fue una de las obras más importantes de la antigüedad, un compendio de información sobre la naturaleza que influyó de gran manera en bestiarios posteriores. Entre bestias, insectos y aves, Plinio hizo un hueco para hablar del basilisco de Cirene y el efecto mortal de su veneno. Aquí tenéis toda la información que dejó sobre ellos sacada de la edición de Gredos.

Libro VIII

33. Las serpientes basiliscos

El mismo poder [de matar con la mirada] lo tiene también la serpiente basilisco. Nace en la provincia Cirenaica, con un tamaño de no más de doce dedos, una mancha blanca en la cabeza, como adornada con una diadema. Espanta a todas las serpientes con su silbido y no impulsa su cuerpo flexionándolo en muchos anillos, como las demás, sino que avanza enhiesta y derecha de medio cuerpo. Mata los arbustos no sólo al tocarlos sino incluso al exhalar su aliento, quema las hierbas y resquebraja las piedras; tal es su poder para el mal. Se cree que en cierta ocasión se mató una desde un caballo con una lanza y que, al ascender por ésta su veneno, murió no sólo el jinete, sino también el caballo. Y, sin embargo, el veneno de las comadrejas es mortal para un monstruo como éste —frecuentemente los reyes han deseado verlo muerto—: hasta tal punto no le gusta a la naturaleza que exista nada sin su contrario. Se hace entrar a éstas en sus cubiles, fácilmente reconocibles por la descomposición del suelo, aquéllas las matan con su olor y mueren juntamente con ellas, y finaliza la lucha de la naturaleza.

Libro XXIX

19. Remedios derivados del basilisco

De la sangre del basilisco, una criatura de la que huyen las mismas serpientes, que mata incluso con su olor y que resulta fatal para el hombre con tan solo mirarlo, hacen los magos las mejores alabanzas. Esta sangre es densa y pegajosa como el alquitrán, al que se asemeja en color: disuelta en agua, dicen, se vuelve de un rojo más brillante que el cinabrio. Le atribuyen el buen éxito en las demandas dirigidas a los potentados y en los rezos ofrecidos a los dioses; para ellos es un remedio contra varias enfermedades y sirve como amuleto protector contra cualquier maleficio. Algunos le dan el nombre de «sangre de Saturno».

Basilisco en la Historia Natural de Plinio el viejo editada en el 1584,
traducida al alemán por Johann Heiden e ilustrada por Jost Amman

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