Basilisco según Solino

La Colección de hechos memorables de Solino, aunque concebida como una chorographia o geografía descriptiva, acabaría siendo la más popular aportación latina al género paradoxográfico, cuyo objeto eran las reales o supuestas rarezas y maravillas del mundo y de la humanidad. Aunque la cuestión de sus fuentes sigue siendo discutida, parece claro que Solino se sirvió ampliamente de la Historia natural de Plinio, de la Corografía de Mela, y de obras enciclopédicas hoy perdidas, como los Prados de Suetonio. El resultado es esta obra variopinta, en la que la información veraz se mezcla a menudo con noticias fantasiosas o exageradas, y en la cual, en todo caso, tenemos asegurado un rico filón de amena lectura.


Sobre el basilisco

Cirene tiene a África a su izquierda, y a su derecha a Egipto; de cara, una mar embravecida y sin refugios; a su espalda, distintas tribus de bárbaros y un desierto inaccesible, que es cuna del basilisco, calamidad sin igual en el mundo. Es una serpiente de casi medio pie de largo, en cuya cabeza está trazada como una pequeña mitra blanca; nacida para ser el azote no sólo de los hombres o de los demás animales, sino incluso de la propia tierra, a la que estraga y abrasa dondequiera que escoja su madriguera de fiera. En fin, arruina la hierba, seca los árboles y hasta inficiona los mismos vientos, de forma que ningún ave se salva si cruza por el aire envenenado con su huelgo pestilente. Cuando está en movimiento, arrastra medio cuerpo, y el otro medio lo lleva alto y erguido. Hasta las serpientes sienten horror de su silbido y en cuanto lo escuchan todas huyen apresuradamente hacia donde puedan. Cualquier animal que muera a consecuencia de su picadura no lo come bestia alguna, no lo tocan los pájaros. Sin embargo, resulta derrotado por las comadrejas, que los hombres introducen en los agujeros donde se esconde. Aun así, ni siquiera después de muerto pierde su poder: por eso los habitantes de Pérgamo adquirieron a peso de oro los restos de un basilisco, para impedir que las arañas tejieran sus redes y que las aves penetrasen en el templo engalanado por el pincel de Apolodoro.
Grabado de Mikrokósmos: Paruus Mundus, de Laurens van Haecht Goidtsenhoven

No hay comentarios:

Publicar un comentario