Tifón

Tifón o Tifeo (griego: Τυφωευς) fue una divinidad monstruosa que asaltó el Olimpo y puso en graves aprietos a los dioses. Se le consideraba el padre de los monstruos más importantes de la mitología griega y estaba relacionado con los vientos tempestuosos y la actividad volcánica.

Su ascendencia y las condiciones de su nacimiento varían según el autor. Hesíodo dijo de él en la Teogonía que Gea lo engendró junto a Tártaro como castigo contra los dioses por haber derrotado y encarcelado a los titanes, mientras que en la Biblioteca mitológica se dice que nació en una cueva de Cilicia como venganza por la derrota de los gigantes. En ambos casos fue el más joven, poderoso y terrible de los descendientes de Gea.

Donde más varía su historia fue en los Himnos de Homero, donde se cuenta que Hera se sintió humillada después de que su marido Zeus engendrase en solitario de su cabeza a la perfecta Atenea, mientras que con ella tuvo a Hefesto, un dios feo y que quedó cojo. En venganza, conjuró a Gea, Urano y a los titanes para pedirles que quedase en cinta, sin intervención de ningún varón, de un hijo tan poderoso como Zeus. Pasado un año dio a luz a Tifón y se lo entregó a la serpiente Pitón para que cuidara de él.

A Tifón se le atribuía una estatura tan descomunal que podía rozar las estrellas con la cabeza y, al extender los brazos, podía tocar con una mano el occidente y con la otra el oriente. Su figura era la de un hombre alado con barbas y largos cabellos. Además, sus piernas eran retorcidas colas de víbora, de sus hombros brotaban cien cabezas de dragón y otras cien de sus manos. Por si fuera poco, todas estas cabezas arrojaban fuego con la mirada y articulaban diferentes voces: algunas hablaban para entenderse con los dioses, otras bramaban terriblemente como los toros, rugían como leones, silbaban como sierpes o emitían llantos como los de los cachorros.

El intento que hizo de asaltar el Olimpo fue conocido como Tifonomaquia (griego: Τυφωνομαχία; Guerra de Tifón) y tan terrible fue su presencia que todos los dioses huyeron a Egipto, donde se transformaron en diferentes animales. De esta manera se intentó relacionar o sincretizar a algunos de ellos con los dioses egipcios: Zeus tomó el aspecto de un carnero (Amón); Apolo se transformó en cuervo o milano (Horus); Dioniso se disfrazó de macho cabrío; Artemisa, en gata (Bastet); Hera, en vaca blanca (Hathor); Afrodita, en pez; Hermes, en ibis (Thot); Hefesto, en buey; Heracles, en cervatillo, Ares, en pez lepidoto y Leto en musaraña. El propio Tifón fue también identificado con Seth, el dios egipcio de las tormentas del desierto.

Hidria decorada con la lucha entre Zeus y Tifón
En algunas versiones del mito se cuenta que Zeus y Atenea aguantaron el asedio y no huyeron como el resto. En su batalla, Zeus lo abatió lanzándole rayos hasta que logró arrinconarlo en el monte Casio de Siria, pero Tifón logró atraparle con sus piernas serpentinas y le arrancó los tendones de manos y pies con una hoz. De esta manera el dios quedó totalmente inmóvil y Tifón pudo aprisionarlo en la cueva Coricia de su natal Cilicia, donde también ocultó los tendones en una piel de oso custodiada por la dragona Delfine, identificada con Equidna o con la serpiente Pitón.

Por suerte, Hermes y Pan pudieron rescatarlo y restituir sus tendones. Una vez sanado, Zeus retomó la batalla y persiguió a Tifón hasta el monte Nisa, donde la criatura comió unos frutos que le debilitaron por culpa de un engaño de las Moiras. El combate se trasladó a Tracia, lugar en el que el monstruo atacó lanzando montes enteros que Zeus rechazaba con sus rayos. Las heridas recibidas le hicieron derramar una gran cantidad de sangre, de ahí que los montes de la zona reciban el nombre de Hemo (griego: Αίμα; sangre). Tifón acabó huyendo a través del mar Sículo, momento en el que Zeus le arrojó encima el monte Etna bajo el que quedó aprisionado. Desde entonces el Etna vomita el fuego que exhala el monstruo y Hefesto lo vigila desde la forja que estableció en él.

Nono de Panópolis relató en sus Dionisíacas que Zeus, cuando sedujo a Pluto para engendrar a Tántalo, guardó sus rayos bajo unas rocas para ocultar su esplendor, pero al estar bajo cubierto comenzaron a desprender un humo negro que delataba su posición. Tifón aprovechó la situación para hacerse con estas armas divinas, pero llegado el momento de blandirlas, se vio incapaz de hacerlo con soltura. La obra continúa de manera similar a lo narrado anteriormente, con Zeus perdiendo sus tendones y luego recuperándolos, aunque esta vez fue gracias a Cadmo y a Pan. Tras derrotarle, Zeus se burló de él y le dijo que le construiría un cenotafio con esta inscripción: «Esta es la tumba de Tifón, quien una vez atacó el cielo con sus piedras, y el fuego etéreo lo consumió».

Su sino final también cambia según la versión. Hesíodo, por ejemplo, contó que acabó hundido en el Tártaro por un rayo de Zeus en lugar de ser aprisionado bajo el Etna. Sea como fuere, antes de su caída, la mayoría de autores le atribuyó a Tifón la paternidad de los monstruos más famosos de la mitología griega junto a la ninfa Equidna: Ortro, Cerbero, la Hidra de Lerna, la Quimera, el león de Nemea, la Esfinge, el dragón Ladón, el águila del Cáucaso y la cerda de Cromión. Hesíodo lo considera el origen de los vientos huracanados; Higino, en sus Fábulas, dijo que fue el padre de Gorgon, el dragón de la Cólquida y de Escila; Quinto de Esmirna hace descendientes suyas a las serpientes que atacaron al troyano Laocoonte y las harpías, según Valerio Flaco, también fueron hijas suyas.

泰西妖画集 - Shigeru Mizuki

Fuentes

Antonino Liberal: Metamorfosis. Gredos, Madrid (1989).
Apolodoro: Biblioteca mitológica. Gredos, Madrid (1985).
Hesíodo: Obras y fragmentos. Gredos, Madrid (1978).
Higino: Fábulas. Gredos, Madrid (2009).
Homero: Himnos homéricos - La Batracomiomaquia. Gredos, Madrid (1978).
Nono de Panópolis: Dionisíacas I-XII. Gredos, Madrid (1995).
Ovidio: Metamorfosis. Gredos, Madrid (2008).
Quinto de Esmirna: Posthoméricas. Gredos, Madrid (2004).
Valerio Flaco: Argonáuticas. Gredos, Madrid (2011).

2 comentarios :

  1. Jo, todas las entradas del grimorio de bestias me inspiran para escribir relatos. Es muy interesante y, a la vez, algo macabro.
    Continuaré leyendo.

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