Ganado feérico

El pueblo oculto de las hadas y los elfos, pese a su mágica naturaleza, tiene hábitos y costumbres similares a las de los humanos: construyen edificios, hilan, tejen, lavan la ropa y, por supuesto, cuidan de animales, principalmente ganado compuesto por vacas y toros que suelen unirse con las reses de los humanos. El granjero que se veía bendecido con la posesión de uno de estos animales ganaba riqueza y prosperidad, pero debía evitar ser avaricioso y respetar tanto al animal como el pacto hecho con las hadas por haberlo obtenido si no quería perderlo.

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España: el ganado de xanas y mouras

La xana asturiana es conocida por poseer principalmente gallinas y pollitos de oro, pero también cuidaba de toros y vacas. En Los dioses de la vida, de Constantino Cabal, aparece un breve cuento en el que las xanas echaban a pastar por los campos a su ganado en la mañana de San Juan. Si la xana hallaba a algún labrador, le preguntaba si quería alguna de sus vacas. De ser así, tan sólo tenía que tirarle una montera encima al ejemplar que le interesase cuando ella y su ganado volvieran a esconderse en la fuente en la que vivían. Eso sí, debía de vigilarla atentamente y tener cuidado de que no se metiera en el río, ya que desaparecería como un encanto. En Seres míticos y personajes fantásticos españoles se añade que las xanas tienen vacas con pintas, así que cuando le nacía una ternera con estas manchas a un granjero era porque a su madre la había cubierto uno de los toros de las xanas.

En otras partes del norte de España, como en Galicia o Aragón, a las hadas se les conoce como mouras o moras. Jesús Callejo menciona en su Hadas: Guía de los seres mágicos de España la historia de una anciana de Rasal que acudía todos los días hasta la cueva de una mora para peinarle sus hermosos cabellos a cambio de nada. Un día, de repente, como pago por su trabajo, la reina mora le obsequió con un gran rebaño de vacas que apareció a sus espaldas. Todo este ganado podía ser suyo si lograba meterlo en su corral sin mirar hacia atrás hasta que hubiese entrado la última vaca. La anciana, oyendo las pisadas y mugidos del rebaño a sus espaldas, llegó hasta su establo, abrió la puerta del corral y comenzaron a entrar en tropel tal número de reses que parecía interminable. Asombrada ante esto, olvidó la advertencia que le hizo la mora y miró tras de sí por pura curiosidad, pero tanto las vacas que faltaban como las ya encerradas huyeron y desaparecieron. Cuando logró cerrar el corral tan sólo quedaron allí cuatro animales.

Gales: el gwartheg Y llyn

En Reino Unido el ganado mágico suele estar relacionado con el agua y el mar. En Gales se le conoce como gwartheg Y Llyn (galés: rebaño del lago) y el afortunado que se casaba con una gwraig Annwn obtendría como dote toda una manada de estos animales. Solían ser blancas como la leche, pero también hay historias donde estas vacas eran manchadas o multicolor.

A parte de como dote al casarse con una gwraig Annwn también se podía conseguir algo de ganado mágico cuando uno de estos animales se reproducía con reses normales. En una historia recogida en el Diccionario de las hadas de Katherine Briggs, un hombre consiguió atrapar a una vaca mágica que acudía a su granja para aparearse con sus toros. Este granjero se volvió el más rico del lugar gracias los magníficos terneros que daba a luz y a la leche que producía. Pasado el tiempo, pensó que la época dorada de su vaca ya había pasado y decidió engordarla para sacrificarla y vender su carne en el mercado. Cuando llegó el día de la matanza, todos los vecinos se reunieron alrededor del animal para ver la muerte de la afamada vaca, pero cuando el carnicero levantó el cuchillo para acabar con ella, se quedó paralizado ante la aparición de una dama vestida de verde que llamaba a su animal desde el lago Llyn Barfog. Acudiendo a su canto, la vaca se deshizo de sus ataduras y, seguida de todas sus crías, se adentró en las profundidades del lago con su legítima dueña. De este modo, el granjero se volvió pobre tan rápido como se hizo rico.

Escocia: el crodh mara

Dirigiéndonos al norte, en las Tierras Altas de Escocia, nos encontramos con el crodh mara (gaélico escocés: rebaño marino). Sus reses carecen de cuernos y son de color pardo grisaceo, aunque a veces también se les describe totalmente negras o rojas y manchadas, como las de la isla de Skye, donde también se les llama tarb eithre. Los toros élficos de este ganado eran pequeños en comparación con los del reino mortal, de patas cortas, cuerpo alargado y ágil y con el pelo liso, corto y brillante, como el de las nutrias. Tenían las orejas recortadas y los cuernos redondeados, sin punta afilada, además de que contaban con una fuerza y energía sobrenatural. Era normal encontrarlos a la orilla de los ríos o comiendo grandes cantidades de maiz verde durante la noche.

J.F. Campbell recogió en Popular tales of the West Highlands la historia de un granjero al que le nació entre sus reses un ternero con las orejas recortadas. Una anciana que vivía en la granja lo reconoció como el ternero de un toro acuático y les dijo que debían mantenerlo separado del resto de crías durante siete años y alimentarlo todos los días con la leche de tres vacas. Así lo hicieron y, tras muchos años, una de las muchachas que trabajaba en la granja se llevó a pastar al ganado normal cerca de un loch. Allí se le presentó un muchacho con el que entabló conversación y al que acabó acariciando y arreglando el pelo. Mientras peinaba sus mechones vio horrorizada que tenía algas enredadas en la caballera, reconociendo así que se trataba de un temible each uisge con forma humana. Lejos de chillar y salir corriendo, continuó arreglándole el cabello mientras canturreaba para adormecerlo. En cuanto cayó dormido, se libró de él y huyó hacia la granja, pero cuando estaba a punto de llegar oyó el estruendo de sus cascos de caballo que la perseguían ferozmente. La anciana, que vio llegar a la joven perseguida por el monstruo, liberó al toro élfico que arremetió al instante contra el each-uisge. Al día siguiente de que ambas criaturas se sumergieran en el lago mientras peleaban, apareció en el loch el cadáver del toro hecho pedazos, pero el each uisge tampoco apareció desde aquel día.

Isla de Man: el tarroo ushtey

En Fairy tales from the isle of Man, de Dora Broome, aparece la historia de un granjero que descubrió a un tarroo-ushtey (manés: toro de agua), caracterizado por sus redondeadas orejas, pastando entre sus reses. En lugar de tratarlo bien, decidió espantarlo hacia el mar a golpes con su bastón. Su esposa se preocupó mucho por el comportamiento de su marido y predijo que sufrirían una plaga en sus cultivos. Tal y como dijo, todo su maíz se arruinó por el mal trato que recibió el animal, pero esto sólo aumentó la furia del granjero contra el tarro-ushtey. La siguiente vez que lo vio, intentó atraparlo con un lazo, pero el toro consiguió librarse y se sumergió en el mar. Debido a esto, se arruinaron sus cultivos de patatas.

Al final el granjero acudió a un experto sobre el pueblo oculto por consejo de su mujer, pero desoyó todas sus indicaciones de que debía tratar bien a la bestia. Eso sí, gracias a él descubrió que podía domesticar al tarroo-ushtey con un bastón hecho de madera de serbal, árbol que sirve de protección contra las hadas. Cuando volvió a encontrárselo, consiguió domarlo con su bastón de serbal y se lo llevó al mercado para venderlo. Sin duda era un hermoso ejemplar y apenas se diferenciaba de un toro normal salvo por sus orejas redondas y el brillo salvaje de sus ojos, pero temía que los ancianos y sabios del lugar reconocieran su naturaleza mágica y no pujasen por él. Ya empezaba a caer la noche cuando por fin un pueblerino mostró interés por comprarlo, pero antes de ello le pidió que lo montara para que demostrase que era tan manso como afirmaba. El granjero se subió al lomo del toro y a un toque del bastón comenzó a trotar gentilmente, pero con el ajetreo se le escapó el bastón de entre las manos y, antes de que pudiera recuperarlo, el tarro-ushtey agachó la cabeza y corrió despedido a través del mercado y del pueblo hasta el mar. Por suerte, el granjero consiguió separarse del animal cuando se sumergió y salió del agua más muerto que vivo.

Irlanda: la glas gaibhnenn

En Irlanda, más que toda una raza de reses mágicas existía una sola vaca sobrenatural, pero daba tanta leche que bastaba para alimentar todo el país. Ésta era la glas gaibhnenn, también llamada glas ghaibhleann, glas gaivlen o gloss gavlen, cuyos nombres significan «vaca grisacea». Las leyendas sobre esta vaca cuentan que era tan fuerte y resistente que podía recorrer toda Irlanda sin cansarse, dejándose ordeñar a su paso allá donde fuera para que todo el mundo tuviera leche. Normalmente, un avaro intentaba adueñarse de ella para acapararla, pero la vaca siempre conseguía escapar o era liberada. Su desaparición de la isla Esmeralda es debida a que una vieja malvada, sabiendo que la vaca era capaz de llenar de leche cualquier recipiente, intentó ordeñarla sobre un colador o un pozo sin fondo, pero como era incapaz de llenarlo, el animal, exhausto y enfurecido, se marchó y no volvió a aparecer. En Reino Unido también se ha aparecido este animal bajo el nombre de dun cow (inglés: vaca gris). En el ciclo mitológico irlandés, esta vaca pertenecía a Gaibhne, el herrero de los Tuatha Dé Danann. Gaibhne vivía en un lugar llamado Druim na Teine (la cresta del fuego) con sus dos hermanos Samthainn y Cian. Cerca de ellos se encontraba la isla de Tory, habitada por Balor, un temible fomoriano que tenía encerrada a su hija Ethniu en una torre porque una profecía le dijo que su nieto acabaría con su vida.

Balor codiciaba para sí mismo a la glas gaibhnenn, por lo que la robó cuando Cian se durmió mientras la vigilaba pastando. Ante las amenazas de su hermano, Cian se vio obligado a recuperarla y viajó hasta la isla de Tory, donde encontró a Ethniu encerrada en su torre. Ambos se enamoraron y acabaron siendo los padres de Lugh, que cumplió la profecía y acabó matando a su abuelo Balor.

Ilustración de Arngrímur Sigurðsson

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