jueves, 12 de octubre de 2017

Halphas

Halphas, también conocido como Halphus, Malthus o Malthas, es un demonio mencionado en diversos grimorios y textos de ocultismo. Es un gran conde del infierno y el trigésimo octavo espíritu listado en el Ars Goetia. En dicha obra se dice que aparece bajo la forma de una paloma, aunque en el Diccionario infernal y en el Pseudomonarchia Daemonum se menciona que toma el aspecto de una cigüeña. Habla con voz ronca y se encarga de construir torres y ciudades y de proveerlas de armamento, envía a los soldados a sus posiciones y rige sobre veintiséis legiones de demonios. Se debe usar su sello durante su invocación y en The Goetia of Dr. Rudd se dice que es el enemigo del ángel del Shemhamphorash Haamiah, el cual pertenece al coro de las Potestades según The complete Magician's tables de Stephen Skinner.

Halphas en la saga de videojuegos Shin Megami TenseiKazuma Kaneko

jueves, 5 de octubre de 2017

Maclias

Los maclias (griego: Μαχλυες; lascivos/lujuriosos) eran una tribu libia de hermafroditas según la Historia Natural de Plinio el Viejo. Tenían medio cuerpo de mujer y la otra mitad de hombre. El mito de este pueblo pudo originarse por la tribu que cita Heródoto en el libro IV de sus Historias. Según su obra, eran conocidos como maclias o maclies y vivían en torno al lago Tritonis, al noroeste de Libia. Sus muchachos tenían por costumbre dejarse el cabello largo y sus mujeres, divididas en dos bandos, luchaban entre sí en una especie de fiesta anual dedicada a una diosa indígena virgen y guerrera a la que Heródoto compara con Atenea.
«Calífanes cuenta que, más allá de los nasamones y limítrofes con ellos, están los maclias, andróginos, con características de ambos sexos, que copulan entre sí tomando alternativamente una u otra naturaleza. Aristóteles añade que tienen la mama derecha de hombre y la izquierda de mujer».
Maclia o andrógino en Las crónicas de Nuremberg, ilustrado por Michael Wolgemut y Wilhelm Pleydenwurff.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Trías

Las Trías (griego antiguo: Θριαί; «adivinación mediante guijarros») eran tres ninfas proféticas de la mitología griega. Vivían en el monte Parnaso y eran consideradas deidades menores dedicadas al arte de la adivinación mediante guijarros y de las profecías dadas por las aves. Eran representadas como ninfas con cabeza de mujer y cuerpo de abeja.

En el Himno homérico IV dedicado a Hermes, Apolo dice haber tenido como maestras de la adivinación a estas tres deidades y se las entrega como tutoras a Hermes para que también aprendiese el don de la profecía. Como se puede leer a continuación, se les debía entregar miel como ofrenda para que dieran correctamente y de buena gana sus oráculos:
«Te diré otra cosa, hijo de la gloriosísima Maya y de Zeus egidífero, raudo demon de los dioses. Hay unas venerables muchachas, hermanas de nacimiento, que se ufanan de sus raudas alas. Son tres y, con la cabeza cubierta de blanco polen, habitan su morada al pie de la garganta del Parnaso. Son maestras, por su cuenta, de una adivinación a la que, aún de niño, me dedicaba con mis vacas. Mi padre no se preocupaba de ello. Desde allí luego, volando de una parte a otra, se nutren de los panales y dan cumplimiento a todas las cosas. Cuando, nutridas de rubia miel, entran en trance, consienten de buen grado en profetizar la verdad. Pero si se ven privadas del dulce manjar de los dioses, mienten entonces intentando guiar por caminos descarriados. En adelante te las concedo. Y tú, interrogándolas sinceramente, regocija tu mente. Y si conocieras a algún varón mortal, a menudo podría oír tu profética voz, si tiene esa suerte».
Una de las Trías ilustrada en The mythical creatures Bible - Brenda Rosen

jueves, 21 de septiembre de 2017

Fenix (demonio)

Fénix, también conocido como Phenex, es un demonio según diversos grimorios y textos de ocultismo. Es el trigésimo séptimo espíritu mencionado en el Ars Goetia, donde se dice que es un gran marqués del infierno. Aparece con la forma de un ave Fénix y tiene la dulce voz de un niño. Antes de presenciarse ante el exorcista cantará una bella melodía, pero el conjurador deberá evitar escucharla y mandarle que adopte forma humana; entonces hablará de forma admirable de todas las ciencias maravillosas. Es un excelente y obediente poeta que espera regresar al Séptimo Trono tras mil doscientos años. Gobierna veinte legiones de demonios y debe usarse su sello durante su invocación. En The Goetia of Dr. Rudd se dice que es el enemigo del ángel del Shemhamphorash Aniel, el cual pertenece al coro de las Potestades según The complete Magician's tables de Stephen Skinner.

Yuki Fujisawa (藤澤ユキ)

jueves, 14 de septiembre de 2017

Sha

Sha, también conocido como animal de Seth, es el extraño animal con el que se representaba al dios egipcio Seth. Como antiguamente se identificaba a este dios con Tifón, una monstruosa deidad griega, también se le llama bestia tifónica.

A diferencia de los animales del resto de dioses egipcios, la bestia tifónica no es fácil de identificar con ningún animal de la naturaleza. A día de hoy existe el acuerdo general entre los egiptólogos de que ésta nunca fue real y que sólo existió en la imaginación del antiguo pueblo egipcio. Posiblemente, su presencia en jeroglíficos servía para indicar eventos relacionados con el caos,  como tempestades, violencia o sufrimiento.

El sha era ilustrado normalmente como un cánido muy delgado, similar a un lebrel, con una cola tiesa y con la punta en forma de flecha o bífida. También tiene las orejas erectas y de forma cuadrada o triangular, con la base más delgada que las puntas, rematando su cabeza con un hocico alargado con una leve curva hacia abajo. Por lo general se le describía de color negro o rojizo, y era común verlo representado de pie, sentado o tumbado.

Copia de un grabado original por Ernest Wallis Budge

jueves, 3 de agosto de 2017

Vodyanoy

El vodyanoy (ruso: водяно́й; acuoso/el del agua) es un espíritu maligno de las aguas de la mitología eslava. Suele aparecer como un anciano abotargado cubierto de algas, con cara de anfibio, pelo largo y barba verde. Sus manos son palmípedas, siendo mitad hombre, mitad pez, aunque a veces también se le describe con cuernos, cola o pezuñas debido a la demonización cristiana.

Vive en ríos, lagos y torrentes, preferiblemente cerca de los molinos, y cuando se enfada rompe presas o ahoga gente, sobretodo a los que se meten en el agua sin hacer antes la señal de la cruz o a los que se aventuran a bañarse a mediodía, a medianoche o en días sagrados. Se dice que las almas de estos ahogados se convierten en los sirvientes subacuáticos del vodyanoy.

En la República Checa, Eslovenia y Eslovaquia se le conoce como vodník, donde es un tanto distinto a la visión del folclore eslavo del este. En estos países se le describe totalmente con cuerpo y comportamiento humano salvo por el hecho de que tiene agallas, manos palmípedas y la piel, al igual que el pelo, de un color verde como el de las algas. Aparece con un extraño sombrero, vestimenta rara, harapienta y siempre chorreando agua, por la que se le puede reconocer cuando sale de su estanque. Los vodníci (plural de vodník) podían ser tanto buenos como malvados. En este último caso se dedicaban a ahogar a los que se aventuraran en sus territorios, conservando las almas de sus víctimas en tazas de porcelana. Los vodníci coleccionaban estas tazas y las mostraban orgullosos como muestra de su estatus ante otros vodníci. Cuando se retiraba la tapa de alguna de estas tazas, las almas que había dentro huían en forma de burbuja, y los únicos sirvientes que tenían los vodníci eran los peces de sus dominios.

A estos espíritus les gusta pasar su tiempo libre recorriendo su territorio, jugando a las cartas, fumando en pipa o simplemente sentándose en la costa o en rocas. Mostraban su lado benévolo a los pescadores que arrojaban una pizca de tabaco al agua como ofrenda, diciendo la frase: «Aquí está tu tabaco, Señor Vodník, ahora dame a mí un pez».

 Ivan Bilibin

jueves, 27 de julio de 2017

Diañu Burlón

El diablo burlón (asturiano: diañu burlón) es un espíritu o duende del folclore español capaz de transformarse en diversos animales e incluso en humanos. Tal y como indica su nombre, no es dañino ni peligroso, ya que se limita solamente a gastarle bromas pesadas a los incautos con los que se topa, los cuales suelen ser mozos que vuelven de fiesta o que van a cortejar a alguna muchacha por la noche. Su mito se extiende por Galicia, Asturias y Castilla y León, sobre todo por las comarcas leonesas de Los Argüellos y Arbas, pero no es infrecuente que ocasionalmente surjan en cualquier otro lugar.

Es similar al trasgo, aunque a diferencia de éste, que limita sus travesuras al ámbito doméstico, el Diañu Burlón puede actuar en las cuadras o en el bosque. Su modus operandi es similar al del phooka celta, pues su jugarreta favorita consiste en aparecerse por las noches transformado en caballo o burro y ofrecerse para que los viajeros lo monten. Lo malo viene cuando una vez en su grupa, echa a correr salvajemente hasta que lanza a su jinete contra un charco para reírse de él. Este espíritu asturiano añade a su broma que varía de tamaño y forma, estirándose, hinchándose o dando grandes saltos durante su carrera para castigar la entrepierna del pobre que lo monta.

El folclorista Jesús Callejo recoge en su libro Guía de los seres mágicos de España: Gnomos que es frecuente que los protagonistas de sus bromas se llamen Juan, o derivados de este nombre. En Salienza, concejo asturiano de Somiedo, se recuerda la aventura de un vecino llamado Juan García, a quien se le apareció un diablo burlón cuando se dirigía a regar por la noche un campo que tenía en Turria, al final de la Veiga Valbarán. En su camino iba tan cansado que imploró un caballo a Dios o incluso al Diablo, y dicho y hecho apareció un joven caballo sobre el que se montó. En ese mismo instante el caballo empezó a correr y a ponerse gordo, redondo, resbaladizo, como si fuera un balón o un globo, pero él, en lugar de caerse, al suelo, que era lo más lógico, le golpeaba con una vara en las orejas, empezando el caballo a enflaquecer y quedarse casi en los huesos, hasta que su espinazo se le clavaba en la entrepierna. Pero aun así seguía arreándole en las orejas para que se detuviese. Al final, Juan García exclamó en voz alta: «¡La Virxen! ¿Qué clase de caballón ye ésti?». Al oír el nombre de la Virgen, el diablo burlón dio un brinco y lo arrojó al suelo. Éste se levantó y echó a correr, pero a lo lejos oyó que el diablo le gritaba: «¡Tiru, tiru, rulo!... ¿Cómo va tu culo?». A lo cual el aldeano se llenó de coraje, se volvió y le replicó: «¡Tiru, tiru, beichas!... ¿Cómo van las tus orechas?».

También se cuenta que un mozo de Pría, cuando volvía de cortejar a una muchacha, se encontró con un burro que al montarlo le llevó muy lejos mientras se reía. A otro de Purón, el burro le enflaqueció y a un tercero, le tiró al suelo y dijo: «ahora tócate llevarme tú a mí».

Como acabamos de ver, para librarse de un diablo burlón habría que invocar o mencionar a alguna potencia celestial, por lo general «¡Xesús, Xosé y María!». Una de las fórmulas para espantarle, recogida en el concejo asturiano de Allande, es recitarle esta oración en bable, aunque en el oriente asturiano el canto varía ligeramente:

Versión de Allande
Versión del Oriente asturiano
Jesús, María y Xoxé
si yes el Diañu
de ti arreniego
mal añu pa ti
doite mierda de gatu negru
la cruz te lago
veite a las Peñas de Fontoira.
Jesús, María y José
Si eres el Diablo,
de ti reniego
Mierda de gatu p'al diablu
Vete pa' la Peña

A parte de en burro y en caballo, el diablo burlón también puede transformarse en gallo, carnero, vaca, puercoespín, sapo, lobo (como en la localidad leonesa de Almuzara) o en un perro negro (en Millaró, también de León). Otras veces en un niño o un hombre normal y corriente que habla, se ríe y se burla de todos hasta que desaparece de repente, soltando una risa estruendosa o canturreando alguna cancioncilla burlesca.

En San Miguel del Río, aldea situada en el antiguo camino real de León a Asturias, existe el mito del diablo burlón tanto en forma de gallo como de cabrito. En la de gallo, la moza que lo encuentra lo lleva a la cueva del Saborín para hacer lumbre y calentarlo, saliendo al final volando y canturreando una canción que diría: «Ijujú, que te comí la merienda; ijujú, que te la comí; ijujú, que te vi las tetas; ijujú, que te las vi».

Una variante de este tipo de broma se recuerda en las localidades de Teverga (Asturias) y en la de San Miguel del Río (León), donde una anciana recogió un cabrito pequeño que tenía una pata rota y estaba casi muerto de frío, llevándolo a casa envuelto en un mandil. Al verlo tan famélico le hizo comer sopas de boroña (pan de maíz), lo acunó y luego lo acostó en su propia habitación. La mujer se desvistió para irse a la cama y, como tenía por costumbre, antes de acostarse se santiguó, por lo que el fingido cabrito, al ver esto, se puso en pie, dando un estornudo y gritando: «Ayayay, que comí sopeso
Ayayay, que les comí. Ayayay, que vi el culo. Ayayay, que te lo vi». Y al decir la última estrofa salió por la chimenea.

Otras veces, este mismo cabrito es cogido por algún mozo fornido y lo lleva al hombro en dirección a su casa, pero, según va caminando, el animalito va pesando más y más, hasta que el muchacho agotado lo deja caer al suelo. Entonces el cabrito se transforma súbitamente en diañu dando una pirueta. Para colmo de todos los males, le orina encima y luego, por si hay represalias, pone los pies en polvorosa.

De manera similar a los relatos anteriores, el diablo burlón engatusa a las mozas convirtiéndose en bebé. En una historia, tres jóvenes del concejo de Allande se quedaron dormidas mientras molían maíz por la noche. Al alba, cuando despertaron, oyeron el llanto de un bebé recién nacido y empezaron a discutir sobre cuál de ellas era la madre del niño. Al final, una de ellas se compadeció del bebé y se lo llevó para cuidarlo hasta que apareciese su madre. Cuando la moza llegó a su casa, encendió un buen fuego, calentó agua y con ella lavó al rapaz. Después lo secó cuidadosamente y, llenándolo de caricias, le puso pañales limpios y lo envolvió en una manta diciéndole: «¡Probín! Calla, que te vaya preparar lechecita caliente, y mientras tanto vaya ponerte aquí, junto al fuego». Cuando la moza estaba cogiendo un cazo para calentar leche, el supuesto niño dio un brinco espectacular y dijo socarronamente: «¡Cucurucú! ¡Amantásteme, calestásteme y secásteme el cú!».

Diañu burlón transformado en gallo - Ilustración de Manuel Díez
para la Guía de los seres mágicos de España: Gnomos de Jesús Callejo

jueves, 6 de julio de 2017

Gorgon

Gorgon Aix (griego: Γοργω Αιξ; cabra/tormenta terrible) era posiblemente la antigua y primigenia gorgona que mató Zeus y cuya cabeza colocó en su égida al inicio de la Titanomaquia. Durante la Ilíada, Zeus le entregó la temible égida a su hija Atenea:
«Por su parte, Atenea, hija de Zeus, portador de la égida, dejó resbalar sobre el umbral de su padre el delicado vestido bordado, fabricado con la labor de sus propias manos, y vistiéndose con la túnica de Zeus, que las nubes acumula, se fue equipando con las armas para el lacrimógeno combate. A ambos lados de los hombros se echó la floqueada égida terrible, cuyo contorno entero está aureolado por la Huida; en ella está la Disputa; el Coraje; el gélido Ataque, en ella está la cabeza de Gorgona, terrible monstruo, espantosa y pavorosa, prodigio de Zeus, portador de la égida».
Ilíada, Canto V. 733; Homero.
Esta criatura de sexo ambiguo, pues se representaba como una mujer con barbas o un hombre con atributos femeninos, era hija de Tifón y Equidna según lo escrito en las Fábulas de Higinio, donde también se dice que fue, junto a Ceto, el padre de las Gorgonas Euriale, Esteno y Medusa. A pesar de esto, en la Astronomía poética del mismo autor, se decía que era hija de Helios y se mezclaba su mito con el de la cabra nodriza de Zeus, Amaltea:
«Sobre el hombro izquierdo de la constelación del Auriga está la estrella Capra [...]. Algunos han llamado a Aix la hija de Helios. Ésta sobrepasaba a todos con la belleza de su cuerpo pero, en contraste con su hermosura, tenía la más horrible de las caras. Aterrados por ella, los titanes le suplicaron a Gea que la ocultara y se dice que la escondió en una cueva en la isla de Creta. Después se convirtió en la nodriza de Jove, tal y como se había dicho antes (refiriéndose al mito de la cabra Amaltea). Pero cuando Júpiter, seguro en su juventud, estaba preparándose para la guerra contra los titanes, una predicción del oráculo le dijo que si deseaba ganar debía llevar en batalla para protegerse la piel de una cabra y la cabeza de la Gorgona. Los griegos llaman a esta piel la égida. Así, Júpiter, superando a los titanes, ganó posesión del reino. Cubriendo los huesos restantes de la cabra con una piel, les devolvió la vida y les inmortalizó entre las estrellas. Tras esto, le dio a Minerva la égida que le había protegido en su victoria».
Astronómicas, Libro II; Higinio.
Gorgoneion, símbolo protector con una cabeza de Gorgona - Tondo de un kílix ático de cerámica de figuras negras.

jueves, 15 de junio de 2017

Hipópodes

Los hipopos o hipópodes (griego: Ἱπποπους, Ἱπποοποδες; pies de caballo) eran una tribu ficticia de hombres dotados con pies de caballo. Plinio el Viejo los describió brevemente en el libro IV de su Historia Natural, ubicándolos en las frías islas del norte cercanas a Escitia, posiblemente situadas en el Mar Negro.
Hay que salir de este enclave para hablar de la parte exterior de Europa y seguir, dejándola a la izquierda, la costa del océano Septentrional hasta llegar a Gades, tras atravesar los montes Rífeos (posiblemente los Urales). También se habla de las islas Eonas, en las que sus habitantes se alimentan de huevos de aves y de cereales, asimismo de otras en las que sus habitantes nacen con cascos de caballo, por lo que reciben el nombre de hipópodes, y aún de otras, las de los fanesios, en las que los cuerpos de sus habitantes, que van desnudos, no se cubren más que con sus desmesuradas orejas.
Ilustración de Las crónicas de Nuremberg de Hartmann Schedel - Michael Wolgemut y Wilhelm Pleydenwurff

jueves, 8 de junio de 2017

Ofiotauro

El ofiotauro (griego: Οφιοταυρος; toro serpiente) era un monstruoso toro con cola de serpiente nacido de Gea. Esta criatura fue mencionada solamente en la obra Fastos de Ovidio al explicar el origen de una estrella conocida como la del Milano. De este violento animal se decía que ofrecería la victoria sobre los dioses olímpicos a aquel que lo sacrificara y quemara sus restos. En el texto se menciona que fue el hecatónquiro Briareo el que lo mató, aunque Ovidio podría referirse en este caso a Egeón, padre de Briareo en algunas fuentes y aliado de los Titanes. Antes de poder quemar las entrañas del animal, éstas fueron robadas por un milano por orden de Júpiter:
«La estrella del Milano se orienta de arriba abajo en dirección a la Osa Licaonia. Esa noche llega a aparecer. Si quieres saber qué es lo que le dio el cielo al ave: Saturno había sido expulsado de su reino por Júpiter; encolerizado, incitó a las armas a los poderosos Titanes y ensayó el recurso que le era debido por el Hado. Había un toro, nacido de la madre Tierra, un monstruo maravilloso, cuya parte posterior era serpiente. La violenta Estige, por consejo de las tres Parcas, lo había encerrado con un triple muro en un bosque tenebroso. Existía un oráculo de que aquel que entregase las entrañas del toro para que las quemaran las llamas, podría vencer a los dioses eternos. Briareo le dio muerte con un hacha fabricada en diamante, y estaba a punto de dar a las entrañas a las llamas. Júpiter ordenó a las aves robarlas; un milano se la llevó a Júpiter y por merecimiento propio llegó a las estrellas».
Valchitsa

jueves, 25 de mayo de 2017

Górgades

Los górgades (griego: Γοργαδες; como gorgonas) eran los miembros de una tribu que habitaba en unas islas frente al cabo denominado Hésperu Ceras (en el África Occidental). Plinio el Viejo narró en el libro VI de su Historia Natural que esta tribu se caracterizaba porque sus mujeres estaban cubiertas de vello y sus hombres eran especialmente veloces:
Cuentan que, enfrente de este cabo (Hésperu Ceras), están también las islas Górgades, morada en otro tiempo de las Gorgonas, a una distancia de la tierra firme, según dijo Jenofonte de Lámpsaco, de dos días de navegación. Llegó hasta ellas Hanón, general cartaginés, y relató que el cuerpo de las mujeres estaba cubierto de vello y que los hombres habían escapado a su vista gracias a su velocidad. En calidad de testimonio y como portento, ofrendó las pieles de dos mujeres de las Górgades en el templo de Juno, donde quedaron a la vista hasta la toma de Cartago
Más allá todavía de éstas, se dice que están las dos islas Hespérides, y todos los datos acerca de esto son tan inciertos que Estacio Seboso afirmó que, haciendo navegación costera, desde las islas de las Gorgonas hasta las islas de las Hespérides, navegando frente al Atlas, el trayecto es de cuarenta días, y que, desde éstas hasta el Hésperu Ceras, es de un día solo.
Mujer velluda de los górgades - Ilustración de Las crónicas de Nuremberg
de Hartmann Schedel - Michael Wolgemut y Wilhelm Pleydenwurff

jueves, 18 de mayo de 2017

Terrígenos

Los terrígenos (griego: Γηγενης; nacido de la tierra) fueron una tribu de hombres de seis brazos que habitaban, junto a los doliones, pueblo vecino, en el lugar conocido como Monte de los osos. Estos hombres monstruosos se enfrentaron a los argonautas durante su viaje según lo narrado en la obra de Apolonio de Rodas:
Hay en el interior de la Propóntide una isla escarpada, que a poca distancia del continente rico en mieses de Frigia se adentra en el mar cuanto su istmo es bañado por las olas, y desciende en pendiente hacia tierra firme. Sus riberas poseen una doble ensenada, y está situada allende las aguas del Esepo. Monte de los Osos la llaman los habitantes de alrededor. Y la poblaban los violentos y salvajes Terrígenos, gran prodigio admirable para las gentes vecinas. Pues cada uno agitaba en el aire seis brazos vigorosos, dos a partir de sus robustos hombros y otros cuatro debajo unidos a sus costados formidables. A su vez poblaban el istmo y la llanura los doliones, y entre ellos reinaba el hijo de Eneo, el héroe Cícico, a quien alumbró la hija del divino Eusoro, Enete. A éstos nunca los dañaban los Terrígenos, por temibles que fueran, gracias a la protección de Posidón; pues de él eran descendientes los doliones en su origen. Allí arribó la Argo impulsada por los vientos tracios. El Puerto Hermoso la acogió en su navegación [...]. Los doliones y también el propio Cícico, saliendo juntos a su encuentro en amistad, cuando supieron cuáles eran la expedición y su linaje, los obsequiaron con su hospitalidad [...]. Al alba ascendieron al alto Díndimo, para observar también por sí mismos las rutas de aquel mar; en tanto que otros trasladaron la nave al Puerto Quito desde su anterior atracadero. Pero los Terrigenos lanzándose desde la otra parte de la montaña trataron de bloquear la bocana del Quito con innumerables rocas arrojadas al fondo, cual si tendieran emboscada a un animal marino que está dentro. Sin embargo allí había quedado Heracles con los hombres más jóvenes, el cual, tendiendo en seguida contra ellos su curvado arco, los derribó a tierra uno tras otro. Ellos, por su parte, alzaban aristadas rocas y las arrojaban; pues sin duda la diosa Hera, la esposa de Zeus, alimentaba aquellos terribles monstruos como trabajo para Heracles
Entonces también los demás, los marciales héroes, viniendo de regreso a su encuentro antes de alcanzar la cumbre, acometían junto con él la matanza de los Terrígenos, recibiéndolos ya con dardos ya con lanzas, hasta que los aniquilaron a todos a pesar de sus brutales e incesantes ataques. Como cuando los leñadores arrojan en fila sobre el rompiente largos troncos recién talados con sus hachas, para que humedecidos resistan las recias clavijas; así aquéllos en la entrada del blanquecino puerto estaban tendidos en hilera: unos, apiñados, sumergían en el agua salada sus cabezas y pechos, y extendían sus piernas sobre la tierra firme; los otros, al contrario, con sus cabezas sobre las arenas de la playa, hundían sus pies en el fondo; de suerte que unos y otros fueran a la vez presa de aves y de peces. Los héroes, cuando su empresa quedó libre de temores, entonces ya con los soplos del viento desataron las amarras de la nave y proseguían adelante a través del oleaje marino.
Las crónicas de Nuremberg de Hartmann Schedel - Michael Wolgemut y Wilhelm Pleydenwurff