Caspilly

André Thevet, un cosmógrafo del siglo XVI, describió en su obra La Cosmographie Universelle a un extraño pez venenoso que habita en las aguas del golfo Pérsico. Este animal, conocido como Caspilly por los árabes y Neemora por los persas, es del tamaño de una carpa, de unos dos pies de largo (60 cm) y es casi tan largo como ancho. Es posible que se trate de una exageración o amalgama de otros animales reales de la zona como el pez león, el pez erizo o el pez escorpión.

Su cuerpo carece de escamas, pero tiene la piel áspera como la de los escualos y está cubierto de múltiples aguijones. Lo que más destaca de este animal es que posee en medio de la frente una larga espina de unos 45 cm que suele llevar replegada contra el cuello. Cuando tiene hambre, emplea su espina a modo de cuerno y ensarta en el estómago al primer pez que encuentra hasta que muere desangrado.

Por si fuera poco, sus afilados dientes son venenosos y las heridas que inflige, si no se tratan con prontitud, se acabarán convirtiendo en pustulas incurables y mortales. Cuando muerde, los dientes del caspilly se quedan enganchados a su presa y es fácil capturarlo, lo cual es bastante beneficioso, pues el propio pez sirve como remedio contra su mordedura y curará en menos de cuatro horas la herida si se aplica en seguida sobre ella.

Unos pocos años después de la obra de Thevet se publicaron los discursos de Ambroise Paré, en los que el cirujano y naturalista francés también trató sobre el caspilly exagerando aún más sus rasgos. En este texto se dice que el cuerno que posee mide cuatro pies de largo (unos 120 cm) y que se dedica a atacar en el vientre a las ballenas cuando las ve pasar. Para cazarlo, los árabes lo atraen con carne de camello u otra bestia y, cuando muerde el anzuelo, lo sacan a la superficie para abatirlo con flechas después de agotarlo. La carne la emplean como comida y guardan su cuerno como remedio contra los venenos al igual que se hace con el cuerno del unicornio.

Para finalizar, Ulise Aldrovani incluyó a este animal en su Monstrorum historia entre los peces que habitan en las aguas del golfo Pérsico bajo el nombre de erizo árabe (latín: herinaceum arabum). En esta obra se dedicó a describir las ilustraciones de las obras anteriores de Thevet y Ambroise Paré de la siguiente manera: «es un animal de aspecto horrible y tiene una boca parecida a la del cerdo con dientes aserrados. Después, desde el inicio de la cabeza hasta el final de la cola, tiene seis aguijones duros y grandes que ciertamente son idóneos para luchar y herir. Los tres que tiene cerca de la cabeza son más grandes, sin duda parecidos a cuernos, mientras el resto son más pequeños y están separados entre ellos por la misma distancia; el último más cercano a la cola se curva un poco hacia atrás. La cola es bífida y la parte superior, dotada de espinas, es más grande que la inferior. Alrededor del vientre está lleno de aletas con las que nada».

Ilustración de La cosmographie universelle d'André Thevet

Fuentes

A Book of Creatures: Caspilly.
Aldrovandi, Ulisse: Monstrorum historia cum Paralipomenis historiae omnium animalium. Bononiae (1642).
Paré, Ambroise: Discours d’Ambroise Paré. Gabriel Buon, Paris (1582).
Paré, Ambroise: Les oeuvres d'Ambroise Paré. Nicolas Buon, Paris (1579).
Thevet, André: La cosmographie universelle d'André Thevet (vol. I). Guillaume Chaudiere, Paris (1575).

Shiragayama no kaibutsu

El shiragayama no kaibutsu (japonés: 白髪山の怪物; monstruo de la montaña de pelo blanco) es una criatura que se le apareció a Matsui Dōjun, prestigioso médico de Tosa, en el año 3 de la era Kōka (1846).

Matsui, cuando ya contaba con 60 años, se dedicó a buscar por los montes de Japón el ingrediente principal que le permitiría elaborar el kiseika, un medicamento que creía capaz de otorgar juventud y longevidad. En sus exploraciones llegó hasta el Shiragayama (japonés: 白髪山; Montaña de pelo blanco), pero la búsqueda fue infructuosa y tuvo que abandonar el lugar por la falta de víveres. Fue entonces cuando surgió de entre los árboles un monstruo de ocho shaku de alto (2,4 m) que tenía un cuerno amarillo en medio de la frente, el rostro rojizo y los ojos brillantes como estrellas.

El médico cayó al suelo aterrorizado, pero para su sorpresa, la criatura comenzó a hablarle y le dijo que él era la aglomeración de todas las almas de los muertos y que se encargaba de traer enfermedades al mundo para llevarse a todos los que pudiera al reino de la muerte. El reputado médico se estaba dedicando a estorbar en su trabajo, pero la criatura se hallaba tan admirada por el esfuerzo y buen corazón que mostraba, que se presentó ante él para entregarle un libro lleno de remedios secretos para todo tipo de enfermedades.

Tras entregarle el extraño volumen, pues no estaba hecho de tela ni de papel, le dijo que famosos personajes de gran longevidad, como el chino Tongfang Shuo, que vivió 38000 años, Noé, el cual alcanzó los 950 años, y Takeuchi Sukune, que cumplió hasta 300 años, ahora viven con él en su país. Al terminar de hablar, el monstruo se esfumó y, gracias a su libro, Matsui Dōjun ganó tanta fama que llegó hasta oídos del emperador.

Ilustración de Shigeru Mizuki

Fuentes

Misarin.net: Shiragayama no kaibutsu.
Mizuki, Shigeru: Enciclopedia Yokai Vol. 2. Satori, Gijón, 2018.

Bayfart

El bayfart es un extraño mamífero marino que habita en el mar de Barents frente a las costas de Finnmark, la región más septentrional de Noruega. Un escocés le entregó en el año 1570 la piel de uno de estos animales al naturalista André Thevet, el cual lo describió en su Cosmografía universal.

Según el autor francés, la criatura medía lo mismo que un tiburón pequeño, tenía el pelaje grisáceo y orejas pequeñas. Las patas delanteras estaban armadas con largas uñas de león, mientras que las traseras eran aplanadas y las usaba a modo de aletas para nadar. En la cabeza destacaba un cuerno rodeado de pelo y su hocico estaba provisto de una especie de bigote compuesto de cerdas.

Grabado de La Cosmographie universelle, de André Thevet

Fuentes

Thevet, André: La cosmographie universelle d'André Thevet (vol. II). Guillaume Chaudiere, Paris (1575).

Aosagi no hi

El aosagi no hi o aosagibi (japonés: 青鷺火; fuego de la garza azul), también conocido como goi no hikari (japonés: 五位の光; luz del martinete), es un fenómeno sobrenatural que ocurre cuando los martinetes alzan el vuelo de noche. Según escribió Toriyama Sekien en su Konjaku gazu zoku hyakki (japonés: 今昔画図続百鬼; Cien demonios del presente y el pasado ilustrados), a estas aves se les iluminan las alas y comienzan a brillarles los ojos. Es posible que, al igual que les ocurre a otros animales, esta especie de garza se transforme en yokai cuando alcanza cierta edad.

Según se cuenta, el aliento de estos pájaros relumbra como un fuego azul cuando se les ve respirar en plena noche y, cuando vuelan bajo la luz de la luna, su brillo recuerda al de una bola de fuego. Shigeru Mizuki mencionó que si un miembro grande de esta especie se posaba en la costa por la noche, su silueta recordaba a la de un hombre de cuclillas, por eso la gente se llevaba grandes sustos y pensaban que se trataba de un yokai. Teniendo estos datos en cuenta, el folklorista japonés declaró que más bien se trataría de un fenómeno natural, pues las blancas plumas del ave se limitarían a reflejar la luz de la luna en las oscuras noches de antaño y parecería que brillaba por cuenta propia.

Ilustración de Shigeru Mizuki

Fuentes

Meyer, Matthew: El desfile nocturno de los cien demonios. Quaterni, Madrid, 2019.
Mizuki, Shigeru: Enciclopedia Yokai Vol. 1. Satori, Gijón, 2017.
Sekien, Toriyama: Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón. Quaterni, Madrid, 2014.

León marino

Antiguos cosmógrafos y naturalistas como Ambroise Paré y Ulisse Aldrovandi mencionaron en sus obras la aparición de un monstruo en las costas de Italia a mediados del siglo XVI. La criatura, que fue atrapada en el mar Tirreno poco antes de la muerte del papa Pablo III, tenía el aspecto y tamaño de un león, pero estaba cubierto de escamas y su voz era similar a la de un hombre. El animal fue llevado ante Marcelo, obispo que acabaría ostentando el cargo de papa en el 1555, pero acabó muriendo al poco tiempo por estar fuera de su hábitat natural y la falta de alimento.

Ilustración del león marino en Monstrorum historia, de Ulisse Aldrovandi

Fuentes

Aldrovandi, Ulisse: Monstrorum historia cum Paralipomenis historiae omnium animalium. Bononiae (1642).
Paré, Ambroise: Les oeuvres d'Ambroise Paré. Nicolas Buon, Paris (1579).
Paré, Ambroise: Monstruos y prodigios. Siruela, Madrid (1997).
Thevet, André: La cosmographie universelle d'André Thevet. Guillaume Chaudiere, Paris (1575).

Mikoshi nyudo

El Mikoshi nyūdō (japonés: 見越入道; sacerdote previsor), también conocido como miage nyūdō (japonés: 見上げ入道; sacerdote que crece de repente), es uno de los muchos ōnyūdō que rondan por las caminos solitarios de Japón, es decir: un yokai con el aspecto de un monje de altura sobrenatural. Se cree que en realidad son animales como los kitsune o los mujina que adoptan esta forma para atrapar humanos.

Este yokai se muestra de noche como un monje normal y corriente en medio de un sendero, pero cuando un viajero se topa con él y se le queda mirando, empieza a crecer conforme le sigue con la mirada. Crece de tal manera que, de alzar tanto la vista, el incauto acaba cayéndose de espaldas. Cuando esto ocurre, el espíritu aprovecha para lanzarse contra su víctima y desgarrarle el cuello a dentelladas.

Para librarse de su ataque no basta con ignorarlo o salir corriendo, porque se enfadaría y acabaría atrapándote o ensartándote con cañas de bambú como hacen los de la comarca de Iki. Lo que hay que hacer es utilizar su modus operandi a la inversa, es decir, mirarlo de la cabeza a los pies para que mengüe de tamaño hasta que desaparezca. También se le puede decir «Miage nyūdō, mi vista ya ha llegado más arriba que tú» o «Mikoshi nyūdō, ya he visto todo lo que tenia que ver» y luego mirar al suelo; al ver que nos hemos anticipado a su estratagema, desaparece. Es por esta forma de actuar que se suele confundir a este yokai con los taka nyūdō, aunque estos son más bromistas que peligrosos para los humanos.

Ilustración de Shigeru Mizuki

Fuentes

Meyer, Matthew: El desfile nocturno de los cien demonios. Quaterni, Madrid, 2019.
Mizuki, Shigeru: Enciclopedia Yokai Vol. 1. Satori, Gijón, 2017.

Escolopendra cetácea

La escolopendra cetácea, o escolopendra de mar, es una criatura acuática descrita por Claudio Eliano en el tomo XIII de su Historia de los animales. Según él, se trataría del monstruo marino más grande de todos, tan colosal que nadie se atrevería a contemplarlo varado en una playa. Al parecer habita en los mares de la India y todo su cuerpo es de color azul salvo por los costados y el vientre, donde tiene tonos rojizos.

Los testigos que afirman haberla visto aseguran que tiene largísimos pelos saliendo de las narices y que su tamaño es comparable al de un trirreme grande, por lo que podría medir más de 36 metros de largo. La cola es plana y semejante a la de una langosta, así que podríamos deducir que se trata de un cetáceo o mamífero marino similar a las ballenas, animales que tienen la aleta caudal de esta manera. Sin duda, lo más peculiar de este animal no radica en su tamaño, sino que contaba con multitud de aletas dispuestas a cada lado de su cuerpo del mismo modo que las patas de una escolopendra, de ahí su nombre.

Ilustración de la escolopendra cetácea en el De cetis, obra de Ulisse Aldrovandi

Fuentes

Aldrovandi, Ulisse: De piscibus libri V et De cetis liber I. Bononiae (1613).
Eliano, Claudio: Historia de los animales IX-XVII. Gredos, Madrid (1984).
Rondelet, Guillaume: Libri de piscibu marinis. Lugduni, Matthias Bonhomme (1553).

Hitotsume nyudo

El Hitotsume nyūdō (japonés: 一つ目入道; sacerdote de un ojo) es una especie de ōnyūdō, un terrorífico yokai que se aparece como un monje gigantesco con la peculiaridad de que sólo tiene un ojo en medio de la frente. Es posible que muchos de ellos en realidad sean kitsune o tanuki transformados para asustar a la gente.

Van vestidos con lujosas prendas y un séquito de otros yokai o humanos los llevan en un gran palanquín hermosamente adornado. De esta manera recorren caminos solitarios con su espléndida procesión hasta que encuentran algún viajero desprevenido, salen de su palanquín y se lanzan al ataque contra su víctima. Además pueden cambiar de tamaño y crecer tanto como para superar a los árboles más altos, por lo que es casi imposible huir de ellos a la carrera por las grandes zancadas que pueden alcanzar.

Según una leyenda de Wakayama, un hombre se subió a un árbol para contemplar el maravilloso desfile con el que se topó mientras viajaba por el bosque; cuando la procesión llegó al árbol donde estaba él, salió un Hitotsume nyūdō de su palanquín y comenzó a trepar el árbol para atraparle. Por suerte, el hombre iba armado con una espada y la blandió contra el monstruo. Al instante, tanto la criatura como todo su séquito desaparecieron por completo.

No todas las interacciones que tienen con los humanos son violentas. En una antigua leyenda localizada en Shiba Takanawa, actual distrito tokiota de Minato-ku, un médico muy pobre fue recogido en su hogar por una pequeña comitiva bajo el pretexto de que tenían a alguien enfermo en casa. Le vendaron los ojos y lo llevaron a una gran mansión. Allí fue recibido por un hitotsume nyūdō de dos metros que le ofreció té y tabaco hasta que llegó la dueña del lugar, una hermosa mujer que le invitó a un grandioso banquete. El médico acabó relajándose y comió y bebió tanto que cayó dormido. Cuando se despertó, vio que estaba de nuevo en su propia cama junto a su mujer, que espantada le dijo que había llegado borracho en un palanquín transportado por un demonio azul y otro rojo.

Ilustración de Shigeru Mizuki

Fuentes

Meyer, Matthew: El desfile nocturno de los cien demonios. Quaterni, Madrid, 2019.
Mizuki, Shigeru: Enciclopedia Yokai Vol. 1. Satori, Gijón, 2017.

Fraile marino

El fraile o monje marino (latín: monachus maris), también conocido como pez fraile o pez monje, es una criatura monstruosa que varó en las costas de la península escandinava tras una fuerte tormenta en el siglo XVI. Los naturalistas de la época que se hicieron eco del suceso, como Pierre Belon y Guillaume Rondelet, dijeron que el lugar donde se halló al misterioso ser fue en Diezum/Diezunt, cerca de Denelopoch, aunque en realidad fue una confusión fonética; por Diezum se referían al estrecho de Öresund y la localidad en la que apareció se trataba de la ciudad sueca de Malmö.

Lo fascinante de este pez es que recordaba totalmente en su figura a un fraile: su cabeza se asemejaba al de un hombre con tonsura; tenía un rostro de color negro, tosco y rudo, pues su nariz y amplia boca eran como la de los peces; una capucha cubría sus hombros, tenía dos aletas en lugar de brazos y una cola larga, más ancha por el medio que en el extremo, lo que le daba un aspecto similar a los faldones de un monje. Según muchos de los que lo vieron, no vivió más de tres días y no hablaba ni emitía sonido alguno salvo grandes suspiros lastimeros. Rondelet dijo en su Libri de piscibu marinis que no tenía escamas, sino una piel dura y rugosa; pese a esto, el fraile marino aparece en otras fuentes y múltiples representaciones descrito con escamas.

Parece ser que también se han avistado a otros miembros de esta especie en el mar británico, y autores como Conrad Gessner y Alberto Magno dieron cuenta de que eran de naturaleza agresiva y violenta contra los hombres, pues se aparecen en la orilla del mar y llaman la atención de los humanos con juegos y gracias. Si alguien se acerca a ellos, o logran atrapar a cualquier incauto, lo arrastran al fondo marino donde devoran su carne.

Teniendo en cuenta estos datos, Japetus Steenstrup, biólogo del siglo XIX, teorizó que esta criatura en realidad se trataba de alguna clase de calamar gigante desconocido al que bautizó como Architeuthis monachus. Con el tiempo, otros científicos como Charles Paxton y Robert Holland, desecharon esa idea y se inclinaron más por identificar al monje marino con el tiburón ángel.

Ilustración del monje marino en el Monstrorum historia de Ulisse Aldrovandi

Fuentes

Aldrovandi, Ulisse: Monstrorum historia cum Paralipomenis historiae omnium animalium. Bononiae (1642).
Gessner, Conrad: Historia animalium IV. Christoph. Froschoverum, Zúrich (1553).
Magno, Alberto: De animalibus XXIV.
Mythical creatures at the Edward Worth Library.
Paré, Ambroise: Monstruos y prodigios. Siruela, Madrid (1997).
Paxton, Charles y Holland, Robert: Was Steenstrup right?.
Rondelet, Guillaume: Libri de piscibu marinis. Lugduni, Matthias Bonhomme (1553).

Taka nyudo

Los Taka nyūdō (japonés: 高入道; sacerdote alto) son una clase de ōnyūdō, es decir, unos yokai con el aspecto de monjes de tamaño sobrenatural. En Shikoku se les conoce como taka bōzu (japonés: 高坊主; monje alto), donde aparecen de noche en las encrucijadas como un monje tan alto que casi roza al cielo.

Cuanto más se alza la vista para mirarles, más crecen, pero si dominamos nuestro miedo y les miramos de la cabeza a los pies, los taka bōzu irán menguando de tamaño. Incluso se puede derrotar a un taka nyūdō si se tiene la sangre fría de sacar una regla o cinta métrica e intentar medir la estatura del espíritu; esto lo descolocaría y se desvanecerá por sí solo. Por esta manera de comportarse, se les podría catalogar en la misma familia que a los mikoshi nyūdō y nobiagari.

Muchos de estos espectros en realidad son otros yokai, como los tanuki, kawauso o kitsune, que se han transformado para asustar a los humanos. Por ejemplo, en la historia Awa no tanuki no hanashi (japonés: 阿波の狸の話; «La historia del tanuki de Awa») se cuenta que, en la aldea pesquera de Okinosu, un tanuki llamado Ingen solía disfrazarse por la noche de un gran monje para desafiar a la gente a un combate de sumo. Si el tanuki ganaba, se levantaba tormenta y escaseaban los peces, pero si ganaban los pescadores, misteriosamente la pesca era abundante.

A veces se da el caso de que no se conoce la verdadera identidad de un Taka nyūdō, tal y como ocurrió en una historia de finales de la Era Tenmei en la que se cuenta que, en Kioto, al norte del barrio Gokomachi dōri Gojō, solía aparecerse uno de estos espíritus. Una noche, un hombre llamado Zeniya Kyubei que vivía en dicho barrio pasaba el tiempo mirando plácidamente a la luna, pero de pronto todo el cielo se oscureció y apareció de la nada ante él un terrible monje espectral de unos tres metros de alto. Presa del pánico, Zeniya comenzó a lanzarle trozos de madera y cualquier cosa que tuviera a mano hasta que logró espantarlo.

Ilustración de Shigeru Mizuki

Fuentes

Meyer, Matthew: El desfile nocturno de los cien demonios. Quaterni, Madrid, 2019.
Misarin.net: Taka nyudo, Taka bozu.
Mizuki, Shigeru: Enciclopedia Yokai Vol. 2. Satori, Gijón, 2018.

Caracol del mar Sarmático

Entre las muchas criaturas y monstruos que describió André Thevet en su Cosmografía universal se encuentra un extraño molusco que habitaba en las aguas del antiguo mar Sarmático, conocido actualmente como mar Báltico. Thevet afirmó haberlo visto en Dinamarca, pero también asegura que los griegos lo conocen como Philosmon, los turcos como Aknib, los tártaros lo llamaban Albakr y Lucrab los árabes, por lo que también existirían miembros de su especie en los mares cercanos a estas civilizaciones, como el mar Egeo o el mar Negro.

Este ser fue descrito como un caracol gigantesco, del tamaño de un barril, cuyos cuernos se ramificaban como las astas de un ciervo y que terminaban en pequeños bultos brillantes semejantes a perlas. Tiene el cuello muy grueso y la boca hendida, con una desagradable protuberancia de carne colgando debajo de ella. Sus ojos brillan como candiles y su hocico es bastante redondo, semejante al de los gatos y con algo de pelo alrededor.

Por si su anatomía ya distaba mucho de la de un caracol ordinario, también posee cuatro patas anchas y ganchudas que le sirven de aletas y una cola larga y rayada de varios colores como la de los tigres. Suele vivir en alta mar debido a su naturaleza tímida, pero es anfibio y se aventura a tierra cuando el tiempo está en calma, aprovechando para alimentarse de lo mejor que encuentra en la orilla. Dicen que su carne es muy delicada y sabrosa, además de que su sangre es muy beneficiosa para los que sufren del hígado y del pulmón.

Ilustración del De mollibus, crustaceis, testaceis et zoophytis, de Ulisse Aldrovandi

Fuentes

A Book of Creatures: Sarmatian Sea Snail.
Aldrovandi, Ulisse: De mollibus, crustaceis, testaceis et zoophytis. Bononia (1606).
Paré, Ambroise: Les oeuvres d'Ambroise Paré. Nicolas Buon, Paris (1579).
Paré, Ambroise: Monstruos y prodigios. Siruela, Madrid (1997).
Thevet, André: La cosmographie universelle d'André Thevet (vol. II). Guillaume Chaudiere, Paris (1575).

Onyudo

Los Ōnyūdō (japonés: 大入道; sacerdote gigante), también conocidos como ōbozu (japonés: 大坊主; monje gigante), son unos yokai que se aparecen en las zonas montañosas de todo Japón como siniestros monjes de tamaño gigantesco. Los hay de diversas clases y tienen diferentes comportamientos y tamaños: los más pequeños rondan los dos o tres metros, pero los más grandes pueden incluso superar la cima de una montaña. Por lo general también son capaces de cambiar de tamaño a voluntad.

Es posible que la gran mayoría de ellos sean en realidad otros yokai bromistas, como los tanuki, kitsune, kawauso o itachi, que adoptan esta forma para asustar a los humanos. Por ejemplo, el ōnyūdō que se aparecía en el santuario sintoísta de Itsukushima en Asahi resultó ser el espíritu de una gran calabaza y el engaño sólo se descubrió cuando un peregrino golpeó al gigante en la cabeza con su vara.

En el período Edo, un hombre llamado Zen'emon que vivía en los alrededores de la actual Toyohashi aseguró que vio a uno de estos monjes y que debía medir un jo y tres o cuatro shaku (algo más de 4 metros). Este era bastante pequeño si lo comparamos con el que se manifestaba en el monte Ibuki, el cual era tan grande que sus pisadas hacían temblar la tierra como un terremoto. Cuando apareció una noche lluviosa de otoño lo hizo con lo que parecían un par de antorchas a cada lado de su cuerpo. Al día siguiente, los aldeanos del lugar vieron cómo la hierba que había junto a los caminos estaba aplastada y quemada. Según los ancianos, ese ōnyūdō siempre seguía el mismo camino: salía del lago Myojin y se dirigía hasta la cima del monte Ibuki.

En la prefectura de Tottori hay un bosque donde se venera a Nomi no Sukune, figura legendaria que inventó el sumo. El caso es que este bosque acabó cobrando fama porque comenzó a manifestarse en el lugar él un siniestro ōbozu. Hata Hanyata, un famoso guerrero del clan Tottori, sintió curiosidad por tal evento y se encaminó al bosque para encontarse con la criatura. Antes de iniciar su búsqueda, decidió entrar en un establecimiento de té que había cerca y le comentó al dueño su intención de derrotar al monstruo.

Una vez oscureció, Hanyata se adentró en el bosque y el ōbozu, tan grande que casi rozaba las nubes, apareció ante él precedido de un terrible viento. La criatura dirigió su terrible mirada al guerrero, pero como éste no se amedrentaba ni mostraba temor alguno, perdió el interés y desapareció sin dejar rastro. Hanyata regresó al establecimiento del té y le describió al hombre el espíritu que había visto. Ante esto, el dueño le preguntó: «¿Era más o menos de este tamaño?»; entonces se transformó en el gigantesco ōbozu y el guerrero se desmayó del susto. Había sido engañado por el espíritu desde un principio, porque al despertar descubrió que nunca hubo en el lugar un establecimiento de té.

Ilustración de Shigeru Mizuki

Fuentes

Meyer, Matthew: El desfile nocturno de los cien demonios. Quaterni, Madrid, 2019.
Mizuki, Shigeru: Enciclopedia Yokai Vol. 2. Satori, Gijón, 2018.